Hace más de 30 años nacimos como Psicólogos sin Fronteras con una misión clara: acercar la atención psicológica a quienes más lo necesitan, sin importar fronteras geográficas, sociales, económicas o de género. Desde entonces hemos caminado junto a miles de personas, en crisis humanitarias, en emergencias locales, en barrios y comunidades que necesitaban apoyo emocional y psicológico para seguir adelante.

Durante todo este tiempo hemos ido evolucionando, como la sociedad que nos rodea. A nuestro equipo se han ido incorporando cada vez más mujeres. No solo psicólogas, sino también trabajadoras sociales, abogadas, comunicadoras, voluntarias, etc. Al mismo tiempo nuestra misión como ONG se ha ido centrando cada vez más en este colectivo, poniendo el feminismo en el centro como principal eje transformador en esta sociedad.
El cambio de nombre a Psicólogas sin Fronteras no es una mera adaptación lingüística, sino una representación de una realidad profunda y necesaria. Desde nuestros inicios, nuestra organización ha estado marcada por un compromiso incansable con las personas más vulnerables. Hoy, la mayor parte de quienes formamos parte de Psicólogas sin Fronteras somos mujeres, lo que nos impulsa a dar visibilidad y representación a las experiencias y necesidades de este colectivo.
Este cambio refleja nuestra dedicación a abordar problemáticas que afectan de manera particular a las mujeres en nuestra sociedad. La violencia machista y la violencia sexual, que siguen siendo realidades constantes y devastadoras, requieren un enfoque cercano, empático y especializado. Además, trabajamos incansablemente en el acompañamiento y empoderamiento de mujeres, ayudándolas a superar los efectos de situaciones traumáticas y a recuperar su autonomía y poder personal.
Por otro lado, nuestra organización se involucra activamente en la lucha por la igualdad efectiva de derechos, una lucha que aún está lejos de culminar, y que afecta a las mujeres en distintos ámbitos: laboral, social, político y, por supuesto, en el acceso a la salud mental. El cambio de nombre subraya nuestro compromiso con una misión inclusiva, representativa y transformadora, que pone en el centro de nuestra acción los derechos, las necesidades y los desafíos específicos que enfrentan las mujeres en su vida cotidiana.
